| viernes, 20 de julio de 2012 h |

Europa, y más concretamente la UE-5 (Alemania, Italia, Francia, España y Reino Unido) va camino de entrar en una zona de nadie dentro del mercado farmacéutico. Siempre lejos de la importancia del mercado estadounidense, históricamente se había mantenido como el segundo mercado para la industria farmacéutica. No obstante, la evolución demográfica y la expansión económica ya han hecho que el Viejo Continente pierda ya la plata en ese ranking y pase a ser la tercera zona en importancia, según datos de la consultora IMS, por detrás de los países conocidos como pharmerging, es decir, emergentes en materia farmacéutica. La situación, no obstante, lejos de mejorar podría empeorar en los próximos años con el desarrollo de los países del resto del mundo, que acercarían peligrosamente a la UE-5 a la cuarta posición. No es que sea importante el ranking en el que se encuentre una zona u otra del planeta dentro del mercado farmacéutico. Pero si Europa occidental pasa de representar en una década del 19 por ciento del mercado a solo el 13 por ciento, las repercusiones sobre las decisiones de inversión de las compañías, sí que puede afectar al desarrollo futuro de Europa.

Tenemos varias dificultades a las que hacer frente para revertir esta tendencia. En primer lugar la demografía. No parece factible que se produzca una explosión demográfica en el continente europeo que obligue a un incremento de la demanda y, por tanto, crecimiento del mercado. Por otro lado, las tensiones económicas a las que está sometido el continente y los sistemas de aseguramiento público existentes, obligan a los gobiernos a controlar, mucho más, la factura farmacéutica. Dadas las dificultades de cambiar esos dos hechos, Europa tiene que pensar qué puede ofrecer a la industria farmacéutica para que se quede en sus fronteras. La primera de las medidas a tomar es, sin duda, preservar la seguridad jurídica y previsibilidad para que un sector de ciclo largo pueda tomar sus decisiones.