La dualidad empresarial y sanitaria del farmacéutico y los ‘complejos’ que sufren estos para conjugar ambas vertientes fue uno de los puntos que abordaron el presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, Alberto García Romero, su homólogo en FEFE, Fernando Redondo, y la directora general de Desarrollo Estratégico de Cofares, Sofía Azcona, durante un debate organizado la semana pasada por EG.
A este respecto, el presidente de FEFE fue el primero en referirse a ese ‘complejo’. “En la profesión tenemos un complejo por lo comercial, pero somos una empresa y eso no se nos puede olvidar”, señaló, al tiempo que apuntó que el farmacéutico “no ha recibido formación académica de empresario”. Asimismo, consideró que “el ciudadano percibe que no paga por ir al médico y sin embargo al farmacéutico si le paga, por lo que ahonda el complejo; es cuestión de percepciones”. Con él coincidió García Romero, que se refirió a la necesidad de “buscar nuevas vías de negocio además del margen de beneficio de los medicamentos: además de, no a cambio de”.
Por ello, Redondo insistió en que la pérdida de complejos es esencial para conseguir la viabilidad. “Debemos perder el miedo a cobrar por los servicios extras porque no se podrán mantener gratis y porque tienen que ser valorados por la sociedad”.
Por su parte, Azcona coincidió en señalar que “una farmacia se acompleja por tener que coger dinero, pero hay que explicar que un profesional ético puede ser comercial”. Igualmente, apuntó a la invisibilidad de mucho del trabajo realizado por los farmacéuticos, aunque, eso sí, enfocó el problema hacia los decisores.
“La percepción hay que trabajarla, pero de cara a la administración no al ciudadano. Por poner un ejemplo, toda la logística asociada a que una vacuna esté en una pequeña población no se vende bien, y se tiene que saber que tiene unos costes”, argumentó. Además, recordó que “en la universidad nos suspendían si decíamos vender en lugar de dispensar, y creo que es un error. La acepción de vender es positiva y es donde tenemos que trabajar para cambiar la conciencia del farmacéutico y potenciar la formación del profesional en este sentido”.
Sobre este aspecto, la formación, García Romero reconoció que era posible que la labor formativa que ofrecen los colegios farmacéuticos debería mejorar para no ser tan generalista y, de esa forma, “adecuarse más a las necesidades particulares de cada profesional”. Así, apuntó que “la formación ha cambiado y hay que empezar a pensar en otras vías, aunque lo cierto es que no se demandan muchos cursos de gestión”.
Nuevas vías
Bajo estas premisas, que abogan por formar al farmacéutico como empresario y hacer desaparecer las connotaciones negativas derivadas de vincular aspectos comerciales a un profesional sanitario, los avances en gestión de la farmacia deben tratar, según los expertos, de convertir a la farmacia en un centro sanitario más al alcance de los pacientes. “La gran oportunidad de las boticas es el servicio a crónicos. Para ahorrar al Sistema Nacional de Salud hay que tomar este camino ya que estos enfermos producen el 80 por ciento del gasto”, señaló Redondo. “Se trata de la venta cruzada con valor, un aspecto clave en los nuevos modelo de gestión que pueden hacer a la farmacia viable”, sugirió Azcona.
Por su parte, García Romero objetó que las administraciones son reacias a que se lleven a cabo determinados tipos de gestión. “La farmacia está muy regulada. La venta cruzada o las tarjetas de fidelización son medidas a las que los decisores se muestran reacios”, dijo. ¿Qué posición deben adaptar los colegios? “Nosotros vamos de la mano de la administración y si, por ejemplo, la Comunidad de Madrid es muy restrictiva, nosotros también los vamos a ser”, argumentó.
Los participantes en el debate creen que se debe cambiar la percepción social y hacer ver los costes de los servicios
Azcona señaló que “un profesional ético puede ser comercial” sin que exista contradicción deontológica






































