| viernes, 25 de mayo de 2012 h |

El Ministerio de Sanidad no aprende, y un día va a haber una desagradable sorpresa. El año pasado se vio obligado a subir el precio de las amoxicilinas ante el plante de las compañías de genéricos, que argumentaron que a los precios a los que había llevado la molécula unas cuantas compañías kamikazes era inviable. Hoy nos encontramos en una situación similar con las simvastatinas y el losartán. Moléculas en las que Sumol ha aplicado una rebaja de precio del 25 por ciento sobre el precio menor anterior.

Ya ha habido alguna compañía que se ha aventurado a decir que no bajará el precio hasta los nuevos precios más bajos. Si esa decisión no es de una ni dos compañías sino que se generaliza a la mayor parte de las grandes compañías de genéricos, volveremos a tener una situación como la vivida con la amoxicilina.

No entiendo cómo el Ministerio de Sanidad autoriza una bajada, ni más ni menos que del 25 por ciento (y hasta un 37 por ciento en una de las presentaciones) sin un compromiso serio y verificable de suministro. El propio presidente de Sumol, Luis Bahamonde, ha explicado a EG que no cree que pueda alcanzar ni siquiera una cuota de mercado del 5 por ciento. ¿Y qué pasa entonces con el otro 95 por ciento de tratamientos de los que Sumol y Sanidad se lavan las manos?

Creo que la búsqueda de la sostenibilidad tiene siempre un límite en el momento en que puede empezar a afectar a la salud. La falta de disponibilidad de medicamentos como amoxicilina, simvastatina o losartán puede crear problemas más graves que los que se producirían por no ahorrar los escasos céntimos de estas bajadas. Una compañía y menos tan pequeña no puede poner en jaque a todo un sector.

@JoseMLAlemany en Twitter