Sergio Alonso es redactor jefe de ‘La Razón’ Hace ahora tres años lancé a los adormilados vientos mediáticos una primera información en la que advertía de que la Sanidad española estaba sumida en la bancarrota y se encaminaba irremisiblemente hacia la quiebra. Fue el punto de arranque de una serie de noticias espaciadas entre sí pocas semanas, que aportaban datos, a modo de granitos de arena, sobre la crítica situación que se venía encima. Recuerdo que más de un compañero mal informado tildó aquellas piezas periodísticas de exageradas y hasta amarillistas, y haciéndose eco de las proclamas que divulgaba por aquel entonces José Martínez Olmos, afirmaba ufano que no había bola de nieve y que en tiempos pasados la cosa fue peor hasta que terminó arreglándose por sí misma. Recuerdo también que cuando todos, consejeros de Salud incluidos, aplaudían ensimismados el ardid urdido en el Consejo Interterritorial por esa encantadora de serpientes llamada Trinidad Jiménez, bajo la forma de decreto de ahorro de 1.500 millones, denuncié que las arcas públicas no obtendrían ni 300 y que los que brindaban con champagne por haber escapado ilesos de las garras de la ministra pagarían caro la ausencia de medidas reales tomadas a tiempo. Hoy, el estado de la situación es tan lamentable, o más, que el que se dibujaba en mis primeras crónicas. Los orondos seguidores de Martínez Olmos y su séquito ministerial se han sumado ya, con retraso de años, al ridículo debate eufemístico de la sostenibilidad (¡qué absurda palabra cuando de lo que hay de hablar es de quiebra), y los laboratorios y otros agentes del sector que le reían las gracias al secretario general y al séquito de ministros que le ha acompañado durante los últimos siete años y medio se fustigan hoy, e imploran medidas que les salven de ahogarse en el sumidero en el que se ha convertido la Sanidad. ¿Por qué no obraron hace tres años todos ellos, en vez de adular al que hoy será diputado por Granada y de ponerles la alfombra roja a los altos cargos que han configurado el peor ministerio de la historia de la Sanidad española? La respuesta es simple: el sector, como algunos compañeros de profesión, ha ido a rebufo de los tiempos y se ha mostrado absolutamente incapaz de anticiparse a la realidad venidera. Es como darle una medalla o agasajar con un suntuoso almuerzo a Ana Pastor después de rehuirla durante años. Todo a destiempo, tarde y mal. Los autocomplacientes agentes sanitarios españoles tienen un problema, y muy gordo. Nada será nunca ya lo que fue, y la bancarrota, quiebra o como quiera definirse a esta catástrofe agrandada por los que antaño fueron adulados va a mover sillones, recortar presupuestos, cercenar proyectos y cambiar por entero el dibujo del sistema sanitario español. Por supuesto, toca ahora detener esta bola de nieve que pocos supieron ver hace años, y hacer oposición férrea a las autonomías que se demoran en los pagos, a los cataloguiños gallegos y a las subastas andaluzas. Pero hay que adelantarse también a los tiempos y prever el nuevo escenario que se viene encima. Hay que trabajar en el largo plazo, con intuición, para luego no llevarse sobresaltos. | viernes, 06 de enero de 2012 h |
Hay que adelantarse también a los tiempos y prever el nuevo escenario que se viene encima
¿En qué comunidad la retirada de las entidades financieras frustró una operación de confirming de la deuda con los laboratorios por un importe de 328 millones de euros?
¿Por qué se muestra el Estado reticente a avalar la emisión de deuda sanitaria a los mercados, cuando Hacienda no veía mal la iniciativa el pasado verano?
¿Qué comunidad mantiene solo con los laboratorios unos intereses de demora de 15 millones de euros?
¿Qué consejero de Sanidad despierta la hilaridad de sus compañeros de otras autonomías por sus aires de grandeza, su carácter engolado y su manía de ir de maestro?