José María López Alemany
Una vez más, y van dos en menos de un mes y medio, el foco de la reducción de gasto público en España se centra en el medicamento, un gasto que, en términos generales no alcanza ni el 2 por ciento del PIB. Debe ser que no hay nada sobre lo que actuar de manera tan fácil, cómoda e inmediata que sobre el precio de los medicamentos. Y lo lamentable es que las medidas anunciadas por José Luis Rodríguez Zapatero podrían no ser las últimas, por lo que la incertidumbre se instalará por mucho tiempo en el sector.
El SNS español es muy eficiente. No son palabras mías, sino de la ministra Trinidad Jiménez o del secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos. Esa eficiencia se basa en unos excelentes resultados a un coste muy ajustado, gracias al bajo salario de los profesionales y precio de los medicamentos. Por ello, resulta inaudito que se quiera exprimir aún más y que se haga en estas dos variables. El Gobierno debe entender que, a pesar de ser el ámbito de actuación más cómodo para controlar el gasto, porque quienes votan no notan sus efectos, llega un momento crítico en el que la situación se revierte y lo que antes era eficiente deja de serlo. Eso puede pasar en el SNS: de mucho apretar la tuerca puede pasarse de rosca.
A la vista de las medidas propuestas: ¿cuántos medicamentos dejarán de lanzarse en nuestro país a causa de sus bajos precios?, ¿cuántos excelentes profesionales saldrán fuera de nuestras fronteras para continuar con su labor asistencial a la búsqueda de un salario adecuado? La respuesta a estas dos cuestiones permitirá avanzar cómo será el SNS dentro de cinco o diez años. Yo me temo que será peor que hoy.






































