Ángela de Rueda Bruselas | viernes, 24 de marzo de 2017 h |

Los fármacos pueden acabar siendo más caros para los pacientes de Reino Unido y la Unión Europea, —este sería un efecto colateral tras la modificación de las normas de comercio paralelo—, así lo explicó el profesor de la Universidad de Manchester, Jasem Tarawneh. Unas declaraciones que tienen como telón de fondo la jornada sobre las repercusiones del Brexit en el comercio y la salud, organizada por la Alianza Europea de Salud Pública (EPHA), y cuya conclusión fue que: “pacientes europeos y británicos pagarán un alto precio por el Brexit”.

Las consecuencias no terminan aquí, sino que el acceso a medicamentos también podría estar en juego para los pacientes del Reino Unido, en cuanto el país abandone el sistema de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). Así lo recordó la directora de la Oficina Europea del Servicio de Salud británico (NHS, por sus siglas en inglés), Elisabetta Zanon. También la investigación e innovación impulsada por el país británico previsiblemente sufrirá un ‘frenazo’, a menos que reemplace los ingentes fondos que recibe de la UE para investigación en salud, —cuantía que asciende a más de 300 millones de euros desde 2014 según datos del NHS—. Según explicó Zanon, “pacientes de todo el continente sufrirían las consecuencias de esta innovación ralentizada”. Otro de los mensajes se centró en cómo afectará el Brexit a los profesionales sanitarios. Reino Unido está a punto de perder cerca de 144.000 europeos que trabajan en salud y asistencia social, incluyendo el 10 por ciento de los médicos del NHS.

Las implicaciones del Brexit afectarán así a un amplio espectro sanitario y social de las relaciones entre el Reino Unido y la UE. Es el caso de los servicios sanitarios transfronterizos y la coordinación de la asistencia sanitaria y la seguridad social. También la libre circulación y el reconocimiento de las cualificaciones profesionales de los trabajadores sanitarios, según apuntó Dimitrios Doukas, profesor de Derecho en la Universidad de Manchester. En lo que respecta a los medicamentos, las licencias y el acceso a fármacos, dispositivos médicos o ensayos clínicos también se verán alterados.

El Reino Unido tendrá que cultivar sus dotes de negociación si quiere mantener alguna de las ventajas que le brindaba hasta ahora su pertenencia a la Unión Europea. Sin embargo desde la EPHA dudan de la capacidad de negociación en varios frentes, y se intuye que el país británico podría decantarse por optar a los acuerdos entre la UE y Estados Unidos, como el que firmaron la pasada semana para el reconocimiento mutuo de inspecciones a compañías farmacéuticas.